Crecimiento, ingresos y presión impositiva

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El asunto de la reforma impositiva como determinante del crecimiento económico viene escalando posiciones permanentemente dentro de la agenda pública. Tanto así es que el mismo Presidente reconoció, hace unos días en Córdoba, que la presión impositiva “nos está matando”.

En este sentido, desde el Poder Ejecutivo se han pronunciado, además, acerca de cerrar la brecha fiscal a través del crecimiento, lo que amerita un análisis de cómo interactúan estas variables.

En primer lugar, la relación crecimiento y recaudación tributaria es directa. Regresando los datos del Ministerio de Hacienda y el Indec, entre 2004 y 2016 la relación entre variación interanual del PIB y los ingresos tributarios nos muestra que la recaudación se incrementó a mayores tasas en aquellos años en los que el nivel de actividad creció a tasas más altas.

Esto se debe a que la recaudación impositiva aumenta a medida que lo hace el nivel de actividad, dado que la actividad económica opera como base impositiva sobre los diferentes tipos de impuestos aplicados, principalmente sobre los de mayor recaudación como IVA, Ganancias y Seguridad Social.

Ahora bien, la relación entre presión impositiva y crecimiento económico parece mostrar una relación inversa. El aumento sistemático de la alícuota en general, ya sea a través de la falta de actualización por Impuesto a las Ganancias, como el aumento de retenciones varias al agro, o los ya existentes Ingresos Brutos e IVA, nos ha llevado, según estimaciones privadas, del 22,9% (sumando todos los niveles de gobierno) en 2004 a 34,5% en 2015, lo que llevó a posicionarnos como líderes globales (y no exactamente de manera positiva) en ese sentido. Por el otro lado, la tasa de crecimiento acumulada entre 2011 y 2016 resultante es prácticamente nula.

La relación existente entre impuestos y recaudación impositiva se encuentra definida en la teoría económica por la curva de Laffer (ver gráfico). La misma muestra cómo la recaudación se relaciona positivamente con la tasa impositiva hasta alcanzar un máximo (t*, Tmax). Luego, la relación se vuelve inversa.

Esto resulta no menor en la coyuntura actual ya que hubo claros ejemplos de cómo la reducción de alícuotas impositivas ha producido un aumento en la recaudación y viceversa. Por ejemplo, la quita-reducción de retenciones del último año ha provocado un incremento del nivel de producción, y su consecuente recaudación neta.

Así es como los datos muestran clara evidencia para pensar que urge la necesidad de llevar a cabo una reforma tributaria integral, basada en la reducción de alícuotas impositivas, lo que generaría efectos positivos, tanto para el nivel de actividad, como para la propia recaudación (dado que esta depende de la anterior).

En definitiva, es positiva la intención de llevar a cabo tal reforma, en tanto sea sustentable, y aquí es necesario resaltar un punto. No habrá reforma impositiva sustentable en tanto no se reduzca el nivel de gasto público, ya que si bien ese necesario reducir impuestos, también se tendrá que hacer lo propio en materia de erogaciones para no seguir incrementando la brecha fiscal, ya que no alcanza a cubrirse ni con la recaudación actual.

Por lo tanto, no sólo es necesario plantear la necesidad de una reforma impositiva, sino que hay que trabajar de ambos lados de la ecuación: la reducción de los impuestos debe ser tal que el incremento del nivel de actividad genere una suba de impuestos que permita hacer frente no sólo al gasto público corriente, sino también a los intereses de la deuda que se están acumulando durante los últimos períodos. Sólo de esa forma la economía podrá avanzar de manera sostenible.

FUENTE: El Economista

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