Envalentonados

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No todas las victorias son iguales. Hay diversas variables que determinan la potencia de una conquista: el rival, el terreno, el contexto, los márgenes, los costos, el desempeño del equipo y/o los porotos en juego.

Visto desde ese prisma, el triunfo de Cambiemos (nacional y en la “madre de todas las batallas”) del pasado domingo 13 de agosto habilitó una lectura muy optimista puertas adentro, a pesar de que no había nada real en juego y las bancas se dirimirán recién el 22 de octubre y, además, los márgenes fueron escuetos en la “madre de todas la batallas”, según el escrutinio provisorio.

Los demás factores habilitan una lectura más contundente, sobre todo considerando el rival (nada menos que Cristina Kirchner); el contexto (una economía que recién empezó a rodar hace poco, con un 2016 caracterizado por un ajuste no menor sobre los bolsillos); el terreno (la famosa provincia de Buenos Aires) y el funcionamiento del equipo (Cambiemos operó como un relojito suizo, eficaz y compacto).

“Envalentonado” es la frase del momento, y el optimismo se siente en Cambiemos, mientras que desde la oposición, algo desorientados, hacen esfuerzos para entender el nuevo bicho político y su adherencia social. Ciertamente, ya nadie habla del helicóptero o el 2001. Todos, incluso los “contreras, empiezan a barajar el escenario de un ciclo político largo. Como si la victoria fuera algo más que un triunfo en las PASO. Y sus implicancias, más longevas. El economista Federico Muñoz, uno de los consultores más lúcidos del circuito local, ya habla de la “los primeros pasos de la construcción de una nueva hegemonía”. En el equipo económico, por caso, ya hablan de “veinte años de crecimiento”.

¿Se inicia la edad de oro de Cambiemos, como sugiere Carlos Pagni o sólo estamos en la fase optimista de una Argentina que sigue siendo inherentemente volátil? Luce mejor, como dice Luis Fonsi, ir “despacito”.

FUENTE: El Economista

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