Gradualismo más caro, estampida del dólar y un mundo que pone a prueba al Gobierno

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Las turbulencias en los mercados internacionales son una luz de alerta para el Gobierno. Si bien en el equipo económico no hubo demasiada preocupación por lo que estaba pasando en Wall Street, algo que arrastraba a los activos locales a tal punto de encarecer el costo de financiamiento, la escalada del dólar empezó a generar dudas. Lo sucedido hoy en el mercado de cambios con dólar mayorista tocando los $20 (y el minorista en $20,22) preocupa (y mucho) en las mesas de dinero.

El jefe de operadores de un banco que mueve “cantidades” en el mercado del dólar reseñó así lo ocurrido en las últimas horas. “Esto es una locura. Los (inversores) de afuera se llevaron todo puesto. Si estos tipos empiezan a cerrar posiciones, esto es sangriento”, remarcó. Los fondos del exterior hacen el conocido “vuelo a la calidad” y se refugian en los bonos del Tesoro de EEUU cuya tasa está en 2,85% y extienden el sell off. Lo preocupante para Argentina no sería esta devaluación, que acompaña a lo que pasa en el mundo, sino aquella inducida por el Gobierno desde que cambió las metas de inflación a fines del año pasado. Así, el “colchón” devaluatorio es cada vez mayor pero el riesgo a un traslado a precios es evidente. ¿Saldrá el Banco Central a frenar la estampida del dólar? “Cuando toma envión es difícil cortarlo”, agregan en las mesas. Las pizarras mañana abrirán a $20,40 vendedor y sólo la mano oficial podría frenar otra escalada.

En los bancos decían hoy que si sigue así el mercado, potenciando el clima hostil, tranquilamente se podría estar ante “movimientos disruptivos” tal como calificó la última vez el Central al momento de salir a intervenir. Se sabe, algo de lo que suele hacer gala Federico Sturzenegger, el poder de fuego es muy elevado con las reservas en US$ 62.600 millones.

Entre los economistas locales sí hay luces amarillas por el nuevo clima global. Se sabe, y tal como lo dejó en claro el BBVA esta semana, el país es vulnerable a cambios de las condiciones internacionales. Solo la puntería del funcionario más eficiente de Mauricio Macri, el ministro de Finanzas Luis “Toto” Caputo, evitó esta vez dejar al descubierto lo endeble del “modelo”. Se adelantó a inicios de enero y consiguió un tercio de los dólares necesarios para el año. Redobló la apuesta y ahora salió a colocar la friolera de $ 70.000 millones a las compañías de seguros (inversores cautivos desde que no pueden comprar Lebac). La idea de “vivir con lo nuestro” se está asentando en el Ministerio de Finanzas.

Pero quienes estuvieron mal de timing fueron las empresas que salieron a cotizar en Wall Street. Eduardo Eurnekian mediante la Corporación América Airports tuvo que ceder precio para que los inversores le compraran sus papeles. Lo mismo Central Puerto. Ya con el estallido encima, la empresa de biotecnología Bioceres suspendió su Oferta Pública Inicial de Acciones ante el desmadre que se vive. Algo previsible. En todos las cosas, los conocedores de los entretelones culpan a los colocadores (los bancos) que suelen presionar a los emisores a salir sea como fuere. “En los tres casos podrían haber esperado. Esto no va a durar mucho más, podrían haberlo pasado para dentro de un mes. Ahora recaudaron menos de lo que pensaban”, decía un portfolio manager que suele participar de estas transacciones.

Las pizarras mañana abrirán a $20,40 vendedor y sólo la mano oficial podría frenar otra escalada

Pero la pregunta del millón es que tan preocupado debería estar el Gobierno con este giro inesperado en los mercados. Por ahora, el consenso habla de que esto es más una toma de ganancias que un cambio profundo de tendencia. Si fuera así, sería un alivio para el equipo económico que podrá gozar de las mieles del dinero aún barato (si bien no tanto como antes) por un tiempo más. ¿Pero será así? Para el Estudio EcoGo (los ex Miguel Bein) el impacto en la macro local se va a sentir. Dicen que la tendencia alcista del bono a 10 años de Estados Unidos en un contexto de mayor volatilidad financiera en los mercados globales termina “encareciendo el costo financiero del gradualismo fiscal, el financiamiento de la brecha externa y el margen del BCRA para bajar la tasa de interés mientras se suben tarifas y se negocian paritarias. Afortunadamente, el Ministerio de Finanzas aprovechó la ventana de tasas bajas y colocó deuda por la tercera parte del programa financiero”.

Un informe interno a sus clientes de Allaria Ledesma, la sociedad de bolsa del número uno del BYMA (Ernesto Allaria), recuerda que habiendo pasado más de un año sin toma de ganancias, no debería llamar la atención esta corrección. “Como en cada caída fuerte, los inversores se preguntan si es el inicio de un mercado bajista o simplemente la vuelta de la volatilidad a la que nos habíamos desacostumbrado. Hace tiempo que las acciones habían dejado de estar baratas, pero no consideramos que estuvieran en una burbuja (las burbujas las veíamos en la renta fija y en instrumentos financieros como las criptomonedas)”, explican. Creen que es positiva está corrección de precios para bajar la “espuma” en ciertos activos antes que los excesos fueran mayores. Y consideran que una tasa del Tesoro a 10 años en 2,85% no es tan llamativo, sino que lo que generó volatilidad fue la velocidad con la cual subió la tasa (45 puntos básicos en un mes).

El problema es que Argentina sigue necesitando de los mercados para financiar el gradualismo fiscal y la creciente carga de intereses. “Con el enfriamiento de la economía local hacia fines del año pasado, y viendo que para bajar la inflación la política monetaria restrictiva por sí sola no alcanza (dado el déficit actual y el ajuste de tarifas), el gobierno decidió promover una baja más rápida en la tasa de interés para darle mayor aire a la economía, a cambio de tener que soportar un incremento en las expectativas inflacionarias”, detalla Allaria Ledesma. “Con el mundo creciendo en forma coordinada y con Brasil rebotando, si los principales bancos centrales no se exceden en su política monetaria más restrictiva, Argentina debería lograr otro año de crecimiento leve, mientras continúa ajustando precios relativos y reduciendo su déficit primario”, se esperanzan.

Mientras tanto, y en lo inmediato, el Gobierno sigue batallando por contener la inflación. Una batalla que parece más exacerbada por los efectos de una esperada suba de tasas internacionales. Por lo pronto, la semana que viene hay dos momentos claves: uno, qué hará el Banco Central en su reunión de Política Monetaria. La lógica indicaría que Federico Sturzenegger no tiene margen para seguir bajando las tasas después de la batería de aumentos de precios y el cambio de expectativas en el REM. Pero, como sucedió dos veces en enero, el número uno del Central se las ingenió para encontrar argumentos tirados de los pelos y así intentar justificar (algo que no logró) sendas reducciones de tasas cuando se disparaban los precios. Según cálculos privados y lo que mide PriceStats, el IPC de enero -que curiosamente se conocerá un día después de la decisión sobre las tasas- estará en torno al 1,9% o 2%. Lo que preocupa es más febrero, que arrancaba con un piso de 2,1% pero que con el aumento de precios de las naftas (otro golpe inesperado) este mes estaría más cerca de 2,3% o 2,5% que de esos guarismos. También la suba del dólar le sumará algo a esa medición.

Las apuestas, sin embargo, en la city con respecto a qué hará Sturzenegger marca una baja de 50 puntos básicos. Eso es lo que estiman los bancos y consultoras privadas que sucederá a la vuelta del feriado por carnaval. Deberá hurgar y mucho el presidente del Central en su inventiva para explicar una reducción de las tasas cuando todos los días aumentan los precios de bienes y servicios.

FUENTE: El Economista

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