El régimen egipcio lanza una nueva oleada de arrestos contra la oposición

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Una nueva oleada de detenciones recorre la ya menguada y castigada comunidad de activistas egipcios. Con el trasfondo de la astronómica subida de los precios del metro, que ha desatado espontáneas muestras de indignación popular, el régimen ha desatado una cacería contra defensores de derechos humanos y opositores en el enésimo capítulo de la represión que padece desde hace un lustro el país más poblado del mundo árabe.

"Estamos ante una campaña gubernamental que envía un mensaje de terror a todos los abogados y organizaciones de derechos humanos. En estos momentos, en lugar de trabajar por los derechos sociales de la gente, estamos dedicando nuestro tiempo a pasear por los tribunales y defender a los acusados", reconoce a EL MUNDO Gamal Eid, director de la Red Árabe para la Información de Derechos Humanos.

La última víctima de esta renovada persecución es Shadi el Ghazali Harb, uno de los rostros juveniles que hace siete años participaron en las manifestaciones que desalojaron de palacio al octogenario Hosni Mubarak. El activista se entregó el lunes a la fiscalía entre acusaciones de insultar a las instituciones del Estado y publicar noticias en las redes sociales. Aunque los tribunales dictaron su libertad bajo fianza, permanece detenido desde este martes en virtud de otra causa, iniciada por un abogado por una serie de tuits que censuran la actuación de las autoridades y el presidente egipcio, el ex jefe del ejército Abdelfatah al Sisi.

Shadi carga ahora con la acusaciones de pertenecer a una organización terrorista, usar las redes sociales para incitar al terrorismo y publicar noticias falsas para perturbar la seguridad y dañar el interés público. Permanecerá entre rejas durante quince días, un plazo de investigación que habitualmente la fiscalía de la Seguridad del Estado amplía "sine die". Su calvario está precedido por el de la activista Amal Fathi y su marido Mohamed Lotfi, director de la Comisión Egipcia para los derechos y la libertad, una de las organizaciones que documenta las graves violaciones registradas en el país.

Ambos fueron detenidos el pasado viernes junto a su hijo de tres años en una redada policial en su vivienda. Horas después, Lotfi y el pequeño fueron puestos en libertad. La fiscalía ha ordenado, en cambio, el arresto de la fémina durante quinces días por "instigar al derrocamiento del régimen, publicar mentiras y hacer mal uso de las redes sociales". Poco antes de su detención, había circulado por internet un vídeo en el que Fathi, miembro del ilegalizado movimiento 6 de abril que organizó las primeras revueltas contra Mubarak, se despacha contra las autoridades del país y denuncia el acoso sexual, el deterioro de los derechos humanos y los servicios públicos y el programa de austeridad gubernamental.

"Es un día negro cuando las autoridades están mas preocupadas por silenciar a una mujer que levanta la voz contra el acoso sexual que en tomar medidas para abordar el problema", apunta Najia Bounaim, directora de campañas en el norte de África de Amnistía Internacional. La persecución judicial de Fathi se produce días después del arresto de Shadi Abu Zaid, un joven cómico que saltó a la fama hace dos años cuando repartió entre los agentes de policía globos realizados a partir de preservativos.

Su persecución coincide con el regreso a prisión de otros iconos recientes de la represión como el joven Nur Jalil, que permaneció desaparecido durante 23 días el pasado marzo y fue más tarde acusado de pertenecer a un grupo ilegal y difundir noticias falsas que atentan contra la paz social y amenazan la seguridad pública. "La represión no ha cesado desde agosto de 2013 [fecha del brutal desalojo de las acampadas islamistas], tampoco la desaparición forzosa", lamenta Islam, el hermano de Nur. "Nadie puede llegar a comprender qué buscan con tantos arrestos. Al Sisi es una persona que gobierna con el poder de la fuerza desde que llegó", agrega.

Desde el golpe de Estado de julio de 2013, el régimen ha enviado a prisión a más de 60.000 opositores en la campaña más feroz contra la disidencia en décadas que también se ha cebado con los periodistas y los activistas de derechos humanos. Durante la última semana, el repentino incremento de los billetes del metro cairota -con subidas de entre el 250 y el 300%- ha provocado una cadena de imágenes poco habituales, con manifestaciones en el suburbano y llamadas al boicot del servicio.

El régimen ha respondido reforzando la presencia policial en las estaciones y con el arresto de decenas de usuarios. La impopular medida, incluida en el programa de austeridad respaldado por el Fondo Monetario Internacional, amenaza con ahogar a una población castigada por los abismos sociales en vísperas del Ramadán, el mes sagrado musulmán que comienza este jueves. "Es un episodio más de una serie de medidas que están empobreciendo al pueblo", concluye Eid.

FUENTE: El Mundo

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